Perro ciego de nostalgia feroz, poemario intitulado de la editora y poeta mexicana Mónica Licea, quien es Licenciada en Cine Digital por el Centro de Artes Audiovisuales CAAV, en Guadalajara; con Maestría en Escritura Creativa en la Universidad Nacional 3 de febrero (UNTREF) en Argentina, da lugar a una expresión literaria en el que ella manifiesta una intranquilidad anímica, misma que es ocasionada al no poder sentirse segura en ningún lado a donde la vida racional y animal le acompañen. Y habiendo emprendido la búsqueda de paz, suena más utópico de lo que varios han exclamado. Afirma que hemos estado muy lejos de ella, tanto como para querer apreciarla con estos ojos mortales de manera más natural.
Desde su desprofesionalización en Tanatología, añade a sus versos no únicamente verdades con las que coexistimos en esta cruda realidad, sino también el sentimiento de no abandonar la esperanza de despertar un día, aunque sea, sin que personas desaparezcan cada tres horas, mueran asesinadas, incluso como resultado de convertirse engañados al mejor negocio del mundo. Mónica, no puede ¿vivir? ¿morir? en paz hasta que, al unísono, todas las naciones, pueblos, y ciudades, renuncien a naturalizar al mal y pudrirse en ello:
Perro bueno
………………..muy bien
………………..quieto
………………..callado.
Perro con el hocico
que no termina de reventar.
………………..No.
………………..Abajo.
Perro sucio.
………………..¡No!
Perro ciego
de nostalgia feroz
………………..¡Quieto!
Perro que se pudre
Perro que come perro.
………………..Muy bien.
………………..Muerto.
………………..Eso.
………………..Así.
A pesar de estar rodeada de ciertos niveles de privación del bien, Mónica nos aconseja que el primer paso para arriesgarse a ser congruente consigo mismo es mantenerse firme en cumplir tus metas, perseverar en ellas y vivir la experiencia de moverse por el mundo con apoyo de lo que te apasiona y conmueve; siempre implorando porque todos los días nos muerda con menos fuerza un mamífero cuyo peso se encuentra al descubierto y que está «ad –herido a la memoria», el dolor:
Un animal me mordió
La calle
………………..Un ruedo
………………..Donde se me desprendió la carne y
………………..Por primera vez
………………..Conocí la belleza y la miseria.
Me pregunto:
………………..¿dios es un animal?
La poesía profesional y destacable de Mónica está marcada de vivencias que, desde la discreción, aún se mantienen en vigencia; ya que, con cada versión de su persona a pesar de los años, ella no olvida el apoyo de sus familiares, su pareja, amigos, y la colectividad que alentaron la tenacidad en sus decisiones. Es así que la solidaridad que le permitió forjar su personalidad ubica el contexto al que podría pertenecer el estilo de sus letras; sin duda alguna, el realismo mágico, debido a que la apuesta por expresarse por medio de la poesía, y al combinarla con esta forma magistral contar cotidianidades, además del dominio de su percepción de la realidad desde su edificación en la ficción, da volumen con su imaginación al mensaje que comunica: no ser inflexibles del todo en este Escenario:
En un terreno baldío, sobre el concreto de alguna calle, entre los arbustos de un parque público sobre las vías del tren a la orilla de un río, en medio del desierto, en un puente, en la habitación de un hotel, o en el asiento de un automóvil:
El mundo es un cementerio que transitamos a diario.
Uno de los golpes tan fuertes que nos da a vida es la pérdida de un ser querido nuestro, y lo más próximo que tenemos para sobrevivir al neumotórax es… bueno, no existe cura alguna, deja esta cicatriz imborrable en el alma reflejada en la melancolía. Por suposición, lo mejor que podemos hacer es aprender a trabajar en el duelo. Empezar a expresar lo que sentimos y no caer en el abismo de la falta de autocompasión. Pulir este dolor hasta volverlo transparente, e irónicamente, convertirla en una joya con forma de oso que cuelgue de tu cuello:
El pesado oso en mi espalda
trepa por mi espina dorsal
y me encaja sus garras cada noche.
Busca, olfatea, y encuentra mi útero de miel
lo mastica incesante hasta que se atora
entre sus dientes.
Ese animal pesado que duerme junto a mi
mamífero de robusta respiración
asecha con cautela
los menores espasmos de vida.
Le digo “quieto, hoy no”, y lo acaricio
con torpeza.
Te extinguirás también, blanda furia,
y contigo se irán todas las formas
los sonidos
el hambre
y la secreta vida
de los abismos que recorres
Tener interés desde otra perspectiva respecto al fenómeno de la muerte, nos dice Mónica, conlleva a amar mucho más la vida. Por ejemplo, entre más exista la ayuda de acercar a las personas a entender que no hay que temer a esta privación del ser, y analizar qué relación tenemos con la mortalidad, con ello es fundamental aprender a identificar cómo nos duelen estas situaciones.
En conclusión, la actitud poética a tomar ante la decisión efectiva de seguir adelante, sanar y superarse durante todo el proceso rehabilitador pertenece exclusivamente a quien pretende una buena vida. No obstante, porque esta última si bien no es larga, recordarse moderadamente, de vez en cuando que en cualquier instante uno morirá es el detonante para aprender a vivir. En general, al hacer esto, incluso cuando no nos vemos afectados por alguna enfermedad, le damos óptima importancia a nuestra existencia:
A veces estar vivo, exige una violencia.
Recoge lo que queda
……………………………………………………y sal de ahí.
El arte y la experiencia estética llevan implícito una manera de adentrarnos al mundo y lo que podemos saber de nuestro entorno. Esto debido a que estas dos primeras realidades trascienden los estándares de aquello que podemos conocer, o conocemos, a través de un referente único y propio, mediada en la contemplación.
Ni lo emanado de la mente del artista ni la experiencia estética son algo que, únicamente, impliquen un «escape de las calamidades que acaecen al mundo humano». No. Son un redescubrir o un mirar auténticamente a esto que llamamos «realidad». Del cual se tiene acceso a ello a través del lenguaje; la casa del ser, por excelencia; en donde Mónica nos enseña a habitar cómoda y auténticamente ahí.
Jehudiel Manoa Briano Gómez (Tuxtla Gutiérrez, 2003) Es licenciado en Filosofía, egresado del Instituto de Estudios Superiores Tomás de Aquino; maestro en Ciencias de la Educación, egresado de la Universidad Católica de Chiapas, con diplomado en Bioética por parte del mismo instituto. Es entusiasta de la literatura, conversatorios cafés filosóficos y actividades culturales. No escribe porque, como a Sócrates, le da flojera. Pero de vez en cuando, le fascina adentrarse a redactar Ensayos, aprende sobre poesía, y le encanta la pragmática.
Desde su desprofesionalización, participaba en la gestión de eventos relacionados al teatro, música, canto y arte, así también como presentaciones de libros a través de publicidad en redes en el centro cultural de Chiapas Jaime Sabines.
Actualmente es gestor y promotor cultural, ayudante en la librería de los conejos Libros Tuxtla, colaborador en Léxica, Casa Editorial S.A de C.V. Estudia la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas.





