Poesía,

Poema Cuando un libro llama un lector se enciende, de Sofía Clevit

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Foto: Nallely Montiel.

(Córdoba, Veracruz 1982). Licenciada en Literatura y Lenguas Hispanas por la Universidad Veracruzana. Maestra en Desarrollo de la Educación por la Universidad Iberoamericana. Diplomado en Filosofía para Niños por el Centro Latinoamericano de Filosofía para Niños. Diplomado en Teología por el Centro de Estudios Teológicos de la Ciudad de México y una especialidad en Lengua Francesa por la Communauté des Beatitudes del Couvant de Cordes-Sur-Ciel, Tarn-Francia. Ha publicado las novelas Corazón de Jade (Editorial de Gobierno del Estado de Veracruz, 2013). El río de jade(extracto en La Jornada Veracruz, 2014). Jade, el laberinto de un sueño (Pearson, 2016), elegida por IBBY México como parte de su guía de los mejores libros de LIJ en 2018. Corazón Turquesa (Punto Creativo, 2017) y El frío azulado (Punto Creativo, 2018). Tiene una marca de talleres de arte y poesía para “despertar la piel de las palabras que nos habitan” llamada Kamishibai Ateliers, en donde ofrece talleres de narrativa corporal desde la biodanza, “la poética del encuentro humano”. Así como talleres de “poesía a fuego lento”; narrativa en hilos bordados y Lilah & yoga de sueños. Actualmente colabora con el Programa Nacional de Cultura Comunitaria como enlace de los Semilleros Creativos en el estado de Veracruz.


Cuando un libro llama
un lector se enciende

I

No leas mi final.
Ábreme siempre desde la primera hoja
Búscame en el inicio de la primera frase.
Pálpame de a poco
Siente la piel de la que estoy cubierta.
Está bien si me miras primero desde afuera.

Acerca tu nariz.
Olfatéame y en secreto déjame escuchar
los recuerdos que te provoco.
Ojéame rápidamente, déjame sentir
Las yemas de tus dedos en el filo de mis límites.

Ciérrame de golpe entre tus manos
Pero no me dejes caer sobre la mesa.
Ven, acércate.
Revisa mi índice, deja que te vaya
Contando de a poco lo que
He venido a ofrecerte.

Sí, trae contigo ese café
Quiero mirarte bebiendo de ese pozo negro
Mientras que con tu mirada nos habitamos
Mutuamente.

Te regalo cada una de mis palabras.
Dame a cambio cada uno de tus silencios.

II

Respiramos lento.
Tú miras tras la ventana
Tus ojos se pierden en el paisaje
Con el quiosco y la Catedral.

Yo sigo entre tus manos
Existiendo, amada.
Presencia real de las horas.

El mar está a sólo unos pasos
Tras la puerta de la muralla que
Hay detrás de esta biblioteca.

El mar está dentro, náufrago.
Náufrago habitante de una isla de palabras.

III

Terminas tu café.
El sol permanece implacable allá afuera.
Ahora sé bien que ya no me soltarás.

Bajo un cielo de almidón,
Este instante respira por sí mismo.
Y tú como un venado, abrevas
En mis hojas.

Te has quedado suspendido en una frase.
Puedo ver como tus labios suavemente
Invocan el canto, la llama.

La luz está brotando en nuestro interior.

IV

En la puerta del mar hay un umbral
Entre la piel de espuma
Y los lectores de arena
Callejones que a través de sus esculturas
Conservan el amor de los amantes.

Eso es el día allá afuera.

Tú desde dentro de mí
Comprendes otra forma de habitar
Los espacios de luz, la memoria de los días
Las puertas de mar y de tierra
Dentro de una ciudad escondida
Que se resguarda en sus muros
De piedra.

Y tú, resguárdate en mí.
No cierres mi historia,
no huyas como las palomas
No desaparezcas como el viento.

Mantente hasta el último sorbo
y de pausa en pausa,
hasta mi punto final.