Columnas,

¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas?

Ale Munoz

…las obras maestras no son realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la experiencia de la masa.

Virginia Woolf, Una habitación propia

La primera vez que leí Una habitación propia me encontraba estudiando la licenciatura en Letras y esperaba que el libro de Virginia Woolf me revelara el hilo negro de toda la cuestión relacionada a la literatura escrita por mujeres. Me decepcioné mucho. Virginia me dijo algo que para el siglo XXI me parecía más que una obviedad: las mujeres necesitamos independencia y autonomía para poder escribir. Por supuesto que no estaba siendo justa ni con la autora ni con su obra.

En ese entonces la leí desde mi siglo. En los casi 100 años de distancia desde la publicación del ensayo de Virginia, muchas autoras han objetado a su texto. Se ha dicho que su crítica literaria se ha centrado únicamente en la tradición anglosajona, dejando de lado los aportes de autoras de otras tradiciones literarias, y que sus reflexiones provienen de un entorno burgués, sin tener en cuenta la situación de las mujeres de las clases obreras. Una de las críticas más potentes –y más bellas– es la que realiza Gloria Anzaldúa en “Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas”:

Olvídate del “cuarto propio” -escribe en la cocina, enciérrate en el baño. Escribe en el autobús o mientras haces fila en el Departamento de Beneficio Social o en el trabajo durante la comida, entre dormir y estar despierta. Yo escribo hasta sentada en el excusado. No hay tiempos extendidos con la máquina de escribir a menos que seas rica o tengas un patrocinador (puede ser que ni tengas una máquina de escribir). Mientras lavas los pisos o la ropa escucha las palabras cantando en tu cuerpo. Cuando estés deprimida, enojada, herida, cuando la compasión y el amor te posean. Cuando no puedas hacer nada más que escribir. 1

Aunque muchas de las críticas a Una habitación propia son relevantes, no podemos dejar de leer la obra de Virginia por lo que significó para la literatura y el feminismo occidental de principios del siglo XX y por lo que aún nos significa para nosotras, a las lectoras de este siglo, que, contra todo pronóstico de la autora, aún seguimos en la búsqueda de una habitación propia.

Pongamos las cosas en su lugar. Virginia no sólo fue pionera en sus reflexiones, también fue provocadora y disruptiva. Una habitación propia se publicó en 1929, apenas una década después de que se reconociera –no con poca resistencia– el derecho al voto a las mujeres británicas. El movimiento sufragista de las primeras décadas del siglo XX en Gran Bretaña, tras una larga e incansable lucha con métodos pacíficos e institucionales que había caído en oídos sordos –la oposición para reconocer el derecho al voto de las mujeres provenía tanto del partido conservador como del liberal–, tuvo momentos de radicalización que bien podrían compararse con las actuales protestas feministas en contra de la violencia hacia las mujeres: las sufragistas quemaron buzones, rompieron ventanas de locales oficiales y comerciales, cortaron cables, hicieron huelgas de hambre e intentaron tomar el Parlamento. 2

Woolf no se encadenó a una biblioteca, pero publicó con argumentos en mano que la falta de mujeres escritoras no se debe a la falta de genio artístico, sino a una desigualdad social y económica:

La libertad intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el principio de los tiempos. Las mujeres han gozado de menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres no han tenido, pues, la menor oportunidad de escribir poesía. Por eso he insistido tanto sobre el dinero y sobre el tener una habitación propia. (77)

Esta afirmación puso –y lo sigue haciendo– en tensión al canon literario. Pone en evidencia la situación contraria: muchas de las obras maestras elaboradas por hombres se deben a la situación privilegiada de los autores en relación a las mujeres de su entorno. Esta tensión aún se encuentra presente en nuestra actualidad en la resistencia que manifiestan ciertos sectores de la academia por reconocer las desigualdades sociales existentes entre hombres y mujeres y el efecto que esto tiene en la cultura y las artes.

Pero los aportes de Virginia no se quedan ahí. La autora hace una crítica a las realidades creadas por la ficción y pone su atención en el espacio doméstico. Woolf se percata de que “las novelas, sin proponérselo, mienten”, porque hay una ausencia del entorno tradicionalmente adjudicado a las mujeres, de lo doméstico. ¿Por qué en las grandes novelas escritas por hombres no aparecen escenas en las que se preparan las cenas, se lavan los platos, se bañe a los niños y se cuide de los adultos mayores y enfermos? Dice Virginia que en la ficción han sido los valores masculinos los que prevalecen, dejando de lado los sentimientos y actividades tradicionalmente adjudicados a las mujeres: “Una escena que transcurre en un campo de batalla es más importante que una que transcurre en una tienda” (54). La autora se imagina todas las vidas que están por contar, las vidas de las mujeres “infinitamente oscuras”, vidas ocultas para una tradición literaria masculinizada: “y seguí andando por las calles de Londres sintiendo en imaginación la presión del mutismo, la acumulación de vidas sin contar: la de las mujeres paradas en las esquinas, con los brazos en jarras y los anillos hundidos en sus dedos, hinchados de grasa, hablando con gesticulaciones parecidas al ritmo de las palabras de Shakespeare, la de las violeteras, la de las vendedoras de cerillas” (65).

Esta masculinización de la literatura no se encuentra alejada de nuestra actualidad. Aún algunas autoras se sienten obligadas a disfrazar su nombre con pseudónimos que oculten su sexo. Uno de los casos más famosos en las últimas décadas fue el de J. K. Rowling, quien tuvo que esconder su verdadero nombre para que las editoriales no se enterasen de su sexo. En palabras de Virginia: “Anónimo, que escribió tantos poemas sin firmarlos, era a menudo una mujer” (37).

A 142 años del nacimiento de Virginia Woolf, Una habitación propia sigue siendo una parada obligatoria. La brecha de género en la literatura continúa afectando a las mujeres escritoras. Desde los grandes premios y las editoriales reconocidas, hasta los pequeños eventos literarios organizados por comunidades locales, hay una evidente mayoría de participantes hombres. A esta falta de reconocimiento e impulso hacia las mujeres escritoras, hay que sumar la violencia sexual existente en el campo literario y que se ha evidenciado recientemente con el movimiento #MeToo.

Virginia nos enseñó la importancia de una habitación propia, de la independencia económica, pero también de la autonomía para generar nuestros propios imaginarios. Invita a las mujeres escritoras a crear desde sus experiencias y emociones propias, sin imitar a la ficción masculinizada, a reconocer a la poesía que llevamos dentro y a validar nuestra palabra. Virginia Woolf nos habla a las mujeres del siglo XXI desde el escaparate de las bibliotecas y librerías (o desde la pantalla del pdf o del epub) para que continuemos en las trincheras de la literatura reescribiendo la vida humana, derribando todos los muros y candados: “[…] no podéis comprar hasta la literatura. La literatura está abierta a todos. No te permitiré, por más bedel que seas, que me apartes de la hierba. Cierra con llave tus bibliotecas, si quieres, pero no hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente” (55).

Virginia Woolf (2008). Una habitación propia. Traducción de Laura Pujol. España: Seix Barral.

  1. Gloria Anzaldúa, “Hablar en lenguas. Una carta a escritoras tercermundistas”:
    https://leernosjuntas.wordpress.com/2020/11/19/hablar-en-lenguas-una-carta-a-escritoras-tercermundistas/
  2. Gloria Anzaldúa, “El feminismo sufragista: entre la persuasión y la disrupción”:
    https://journals.openedition.org/polis/11600

(Chiapa de Corzo, 1992). Escritora y activista feminista. Egresada de la maestría en Ciencias sociales y Humanidades con especialidad en Discursos literarios, artísticos y culturales. Premio Estatal de la Juventud, becaria de la Fundación para las Letras Mexicanas y del PECDA, Chiapas. Autora del libro Gatos de rabo corto (Carruaje de pájaros, 2019). Ha sido reconocida por su trabajo como activista en defensa de los derechos de las mujeres y las niñas por la asociación Keremetic Ach Ixetic.

2 Comments

Carol

enero 26, 2022

Felicidades Ale eres admirable

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María Sánchez Álvarez

junio 7, 2022

Mi favorita 😍, adelante

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