Poesía,

Tres poemas inéditos de la poeta bajacaliforniana Nayeli Rodríguez Reyes

NRR

(San Felipe, Baja California, 1992). Licenciada en Lengua y Literatura de Hispanoamérica por la UABC. Obtuvo el segundo lugar del Premio Nacional al Estudiante Universitario José Emilio Pacheco (poesía). Ha publicado en Punto de Partida, Letralia, Literariedad, Letras en la Frontera, Bitácora de vuelos, Hipérbole Frontera, Primera Página, entre otras. Su libro más reciente se titula Paroxismo (2018).


Cotidiano

Estás viviendo en el desierto oscuro
en esa solitaria sombra silenciosa
trágica apariencia de tu pobre vida

Es la hora de que elijas:
¿niebla o luz?
¿vorágine o dulzura?
¿todo o nada?

Es la hora de que toques las manos
de una mujer tibia que no sabe
escribir poesía
la hora de que figas darle un beso
con amor

¿Recuerdas cuánto aborreces
la traición de su cuerpo
y sus palabras mal pronunciadas?

La música no puede salvarte
del tiempo que se extiende
en esta carga lenta de las horas
una incansable guerra para sobrevivir

Qué tristes son los días así:
de nueve a seis en la oficina
ir al supermercado
tirarse en el sillón a ver programas repetidos
noticias terribles
la frivolidad de una plática forzada

Encontrarás el oasis cuando abras la puerta
afuera de tus jaulas:
paz
luz sobrenatural
todo el amor
todos los poemas

se fue el dolor
ya no te hundes.
.
.
Para qué sirve el amor no correspondido, me pregunto
mientras escucho la canción que pudo ser nuestra

Para qué sirve tener en mis recuerdos tu lindo rostro
la amargura de tu vida goteando su pereza
en tu conversación superficial

Sirve para escribir poesía
y elevar mi espíritu hacia mi verdadera casa
una casa que no es ni serán tus brazos que jamás sentí

No puedo decir tu nombre
está prohibido a partir de este episodio
a partir de tu inexplicable huida

No quiero recordar tus pláticas incómodas
ni tus saludos obligados
ni las veces que pasaste junto a mí
oliendo mi perfume
sin decirme nada
sin mirarme o mirarme para callarte
para disimular no sé qué tanto

Entierro ahora los días que me viste
como un espectador ve su obra de arte favorita
y se turba y no sabe qué decir
cómo acercarse y descifrarla

No existió el deseo
de tener unidas nuestras manos
en el efusivo verano de la lluvia
El amor que no fue nuestro se siente como navaja
intentando cortar en pedacitos un diamante

Esta es mi última palabra para ti
te prometo el único poema en que te pienso
la despedida no es cuando tome un vuelo
la despedida es cuando leas esto
y sepas que el amor que no me entregas hoy
es una navaja intentando cortar
mi corazón que para siempre
ha sobrevivido al fuego.
.
.
He pensado en la fugacidad del otoño
y la incertidumbre del invierno
ahora que no me diriges la palabra
me vuelvo a desarmar frente al poema

de alguna manera me ayudas a escribir
cuando pasas a mi lado sin saludarme
buscas algo en mi corazón que diga tu nombre
que diga quise tus labios
quise pronunciarte mío
en las alcobas desconocidas
de un amor imaginario
que construí hace tres años

Es doloroso que ames la monotonía
y no te atrevas a llorar
ni a platicarme tus situaciones tediosas del trabajo
porque de alguna manera me ayudas a escribir
cuando me ves de lejos y finges que no existo
que no me conociste nunca
que no supiste mis secretos
que no te acordarás de mí cuando me vaya
aunque no sea para siempre.