Poesía,

Vísperas del primer día de clases, poema de Julio César Toledo

Julio Toledo

Escritor. Es autor de los libros de poemas: Quicio, Suplencias para el nombre del padre, Esdrújulo animal, Todavía suposiciones para un país que ya no. Y de los libros de narrativa: La vida a escala, Los libros de la fatalidad, El fervor de la materia. Escribe y produce cine y televisión.


Vísperas del primer día de clases

I.-

A pesuña sola
mis padres
anduvieron
kilómetros
–por falta de sol-– con la esperanza
reflejada en la argolla que de nuestras narices pende.
Pasaron sed y en cada paso
destruyeron la costumbre del horario:
el insmonio fue la tarde
de canícula sibre sus dorsos.
Cruzaron apenas el mar de Creta
que a cierta distancia naútica
es como se llama cualquier mar de paso:
estrecho de sal que une
trozos de esperanza incompleta.

Vinieron con ganas de
entre la multitud
–cantando–
no ser reconocidos
y en vaga discreción soembrar
para sí mismos o sus hijos
un sencillo huerto de luciérnagas.

El pasado,
un atillo de manta y cachibaches,
es el motor que
a ratos
por exceso de fricción
falla y se jalonea: pierde brújula.
Pero el destino
no está fijo en un mapa;
Es cualquier sitio
en donde la noche no tenga por luna
el ojo lobero de la muerte
o las puertas de la ciudad permitan sin daño
el paso
de nuestra cornamenta.

II.-

Y estos cuernos, ¿qué son?
Tal vez un apellido;
irán conmigo a donde vaya
recordándome que soy y seré siempre este mismo.
Quizá dirán eternamente:
Ahí viene el de los cuernos.
O tal vez
la gente mire
tras mis ojos, el pelo café,
tras mis cascos
que sólo estoy yo, y que mi nombre
no es la forma en que dibujo,
ni la sonrisa que doy a mamá por las mañanas.

III.-

No voy a mentir pero es probable
que al llegar
No diga mi nombre.

Quizá con suerte
Nadie me pregunte,
Ni se burle,
Ni me note.
Yo extendería mi brazo como un ala
para espantar pelusas revoltosas
De las que vuelan con la luz como bichitos.
En la blanca pared anidaría mi sombra y una música muy nueva,
La maestra
Tocará en un instrumento que no sé.
Papá
Bufando
llorará de orgullo
Al saberme contento y entre todos,
Y la fruta sabrá fresca y buena,
No habrá filos
Ni añil
Ni cornamenta.
Y mi frente, extensa y lisa,
Donde pueda caber cualquier cachucha
Se estaría sencilla ahí,
Discreta,
Esperando un beso.

No voy a mentir
mas dejaré para después
mi nombre.

IV.-

Una tarde,
después,
en un salón o en casa de alguien
una niña pregunta:
¿Y esos cuernos, qué son?
Yo diré,
también sonriendo,
son míos, me gustan, puedes tocarlos.
Y en voz alta seguiré:
-Hola, ¿quisieras ser mi amiga?
Me llamo Minotauro.