Acervo-Chiapas,

Acervo de Poetas Chiapanecos: Marco Morova

Marco_Morova

Muros

La música de las esferas, el sonido de un arroyo
El gong de una campana
El intermitente y metálico canto de los grillos al frotar sus élitros
La furia de las palabras en el cuaderno en el poema ese ring de boxeo
La lucha de las palabras por ocupar su lugar en el mundo
El constante seseo de los dedos de la lluvia
Un bosque, el viento, su ulular, entre sus ramas
El avance de seda de la araña al acercarse a su bella cautiva
El crash de una manzana mordida por unos labios rojos
El silencio anidado en los ojos de ciertas estatuas
El bufar de los perros en las amplias llanteras desoladas
El chirriar de la renca carcacha del vendedor de frutas
La sonata de Bach huyendo del violín del aprendiz de músico
El sonido y la furia que nada significan, el esplendor y el caos
Todo esto no lo escuchas porque estás atrapado
por el ruido infernal que hay en tu mente

La enfermedad

Con finos pasos de grulla, con gigantescas y sombrías patas de zancudo, se acerca: la bruja, la perversa, esa perra tricéfala, de curvas uñas e innumerables dientes; a clavar: su terrible martillo de dolor sobre tus huesos, a acunar en el hueco de tu abdomen su pocillo de odio, a empollar en tu vientre su parvada de cuervos: devorarán tu carne y a picotazos, desmembrarán, la débil piel del sueño. ¿Cuándo comenzó? Pensaste sería pasajero. Te parecían extrañas esas conversaciones de los viejos sobre vejigas inflamadas, húmeros rotos, riñones muertos. Instalado en el mundo de la infancia, escuchabas con desgano esos relatos que parecían aludir a un país extranjero. Ahora, ahí, estás: hablando: ese lenguaje mudo; girando en la oscuridad, bailando con tu propio cuerpo. Al compás de la música que toca, con su violín de fiebre, un violinista ciego.

El bañista

Las olas lentas del lenguaje
en las que se sumerge
lo devuelven a la misma orilla

Incapaz de cruzar la frágil línea,
lado abisal donde las palabras
implosionan, rebotan,
expulsan como pulpos
su tinta musical,
su furia de sentidos

El mar golpea las horas
Los musgos
la línea amarillenta
de la playa
Los cangrejos retornan
a sus cuevas

Y el bañista,
vencido,
mira desfallecer
el horizonte

Díptico del instante

1
Leticia, piel cetrina,
recargada en el muro de la escuela
con un libro de algebra en el brazo.

2
Leticia, luz en la nieve,
Si ante tus ojos, gráciles leopardos,
mis palabras no hubiesen trabajado
como un mal cartero,
habríamos gozado del verano
y de la gracia inútil de las aves.

Los cerdos pastan, la vida sigue

Las cabezas son monótonas:
arden como botellas de champán
Los efímeros cantos de los barcos suicidas
pueden apenas seducirnos
Respiramos con secreto júbilo
el aire sacro de esta ciudad del diablo
Pero los cerdos pastan y la vida sigue
y el canto de los pájaros y la sonrisa de la muerte:
la sonrisa cariada, chimuela y tierna
de una Julieta que desde su balcón
nos tira sus podridas nalgas

Revólver

La honda de David no se sacia con el aniquilamiento de un simple Goliat
La sangre de la víctima busca con rabiosa pasión a su asesino
Los cerdos en su mugre son más felices que los hombres y sus lujos
A pesar del arrepentimiento, Jesús seguirá siendo crucificado
No escribo un poema: saco el revólver y disparo al azar
Esta sexta descarga se la dedico al viento

La casa frente al río

Rara atracción ejerce una casa frente a un río.
Remanso, duermevela. Tentación de lo hondo.
Detrás del seductor Morfeo
Tánatos guarda una sonrisa

Es cierto, que a tanta inmensidad simbólica
Uno no puede resistirse,
No pudo resistirlo ni Virginia,
-Fragmento al imán de la corriente-.

Rara atracción ejerce una casa frente a un río.
Lugar idóneo para hacer metáforas,
O elaborar una exhaustiva reflexión del tiempo:
El río metafísico de Heráclito
Cuyo encanto fascinó a Borges.

Pero no son las musas, del tiempo y la palabra
Las hadas peligrosas
Sino esa persistente invitación a hundirse.

Dulce aciago deseo, construir nuestra casa
Frente a un río.

Plazas comerciales

Cajas chinas: ciudades dentro de otras ciudades. Aunque no los conozcas sabrías lo que cada uno hace: siguen con exacto rigor los patrones de una fórmula matemática (ecuación lineal cuya incógnita conoces de antemano). Uno entre la multitud no es más que otra pieza. Un trozo más de la maquinaria sin nombre, inane y pululante, que vaga sobre el mármol.


Marco Morova (Tonalá, Chiapas, 1985). Es egresado de laLicenciatura en Educación Secundaria, especialidad en Matemáticas, por la Escuela Normal Superior de Chiapas. Ha publicado en los volúmenes colectivos, Voces que maduran en su caída (UNACH/ INJUVE, 2006), “En el vértigo de los aires. Muestra de Poetas nacidos en la década de 1980” (Alforja Revista de Poesía, núm. 37, 2006), en el Dossier “Trece poetas de Chiapas: 1970-1986” (Revista Punto de Partida, núm. 149, 2008, Unam), en la antología Un manojo de lirios para el retorno, poetas chiapanecos 1973-1990, (CONECULTA-CONACULTA, 2014), en el dossier “Trece narradores de Chiapas: 1978-1994” (Revista Punto de Partida, núm. 196, 2016, Unam), en la antología Universo poético de Chiapas. Itinerario del siglo XX (CONECULTA, 2017), en el libro Bruñir la palabra frente a la hoguera. Cinco cuentistas de Chiapas (Tifón editorial, 2018) y en la antología poética Cerca de las ventanas (CONECULTA, 2020). Becario PECDA 2015 por el proyecto de novela Jardines de Nueva York.