Autor

Julio César Toledo

Julio César Toledo

(Chicontepec, Veracruz, 1977). Poeta y dramaturgo. Es licenciado en Ciencias de la Cultura por la Universidad del Claustro de Sor Juana y cursó el posgrado en literatura en la Universidad de Arhus, Dinamarca. Estudió teatro en el INBA y es egresado de la Escuela Dinámica de Escritores.

Necrológicas literarias,

La vida se nos volvió un frío e intransitable pasillo de azulejos

En ella estamos, esperando por la muerte, o por la noticia de la muerte de otros. Estamos huérfanos, estamos rotos, estamos en la desesperada de una lista que se acumula de nombres familiares que nos duelen. Tengo una parte de la piel abierta, y por ella han salido imágenes que me llevan a esos días de insospechada felicidad de juventud, cuando el misterio de la vida era una carne asada con los amigos y un cartón de Carta Blanca. En esos días se levantaron pilares de amistad que ningún desastre podrá erosionar dentro de nosotros

Necrológicas literarias,

Recuerdo presente para conjurar una presencia

Suena Chopin. Yo toco la puerta del apartamento, y él abre. Veo dos cosas: la cantidad de libros que son telón de fondo de la escena que comienza, y el brazo blanco y velludo de quien me recibe. No sé por qué me llama la atención su brazo, los libros sí. Hay un piano. Él dice: pasa. Suena Chopin, ya lo dije; y no es que yo lo sepa en ese momento, sino que él, mi anfitrión, lo dice justo después de decirme que pase.

Narrativa,

Dos filos

Imagínate que de pronto, sin presentirlo, ¡pum!, tu vida cambia y todo en lo que creías se cae a pedacitos, como un jarrón atravesado por una bala perdida. No exagero, eso exactamente me pasó el 2 de octubre.
Días antes, mis amigos de la prepa y yo habíamos estado enterándonos del movimiento, preguntado con compañeros y profesores de qué trataba bien ese asunto, pues sólo sabíamos lo que la mayoría, lo que estaba en el aire. Cada vez nos convencimos más de que era importante y que no nos podíamos quedar cruzados de brazos. Por eso el dos de octubre me desperté temprano y me alisté.

Columnas, Necrológicas literarias,

2×1 en el morir

El humo de un cigarro largo y mentolado envuelve el rostro de esa  “Mujer inconveniente “. Es Thelma Nava que con su voz de fumadora me habla de los poemas que leí. Va de la calidez del trato al -casi- regaño, enérgico y concreto, por algún aspecto formal del que no di cuenta, u omití. Y luego vuelve a la ternura, y pregunta por mí, por mi familia. Raquel me abraza y me susurra: ella no está tan bien. Estábamos en Minería. No me acuerdo el año, fue la última vez que las vi juntas, y la última que abracé a Thelma.

Columnas, Necrológicas literarias,

Violeta: el color de la nostalgia en los ojos de Samperio

Tras una borrachera de mil sitios, de madrugada, mi primo Julián y yo caminábamos en la colonia Del Valle. Yo era un recién llegado; Julián, un músico en busca de sus primeras grandes oportunidades (quién iba a pensar que tocaría la batería, años después, en uno de los programas más famosos de la tele, luego sería reemplazado por un fantoche apodado Rudi, que aguantó la denigración del conductor). Vamos a casa de mi tío, vive aquí cerca –dijo–. A mí me daba pena molestar a un viejo a esas horas nomás por

Columnas, Necrológicas literarias,

Réquiem para una coincidencia

La vida es una cadena de azares que te llevan a lugares insospechados, lugares hermosos (algunos) y otros aterradores.

Una novia que no va al teatro y tú, necio de vocación, te vas solo; sales de la función molesto por la pavada que viste, vociferando, y ahí, justo a tu lado, te planta una enorme palmada don Vicente Leñero, y te dice: te invito un café y me cuentas de tu enojo. Tú te cagas, quieres conocerlo en otras