La tarde terminó húmeda. El mundo parecía el eco del primer chasquido con que dios inició el lento caminar del tiempo. El guardabarranco se entremetió en su nido. La tierra de temporal se preparaba para el inicio de los trabajos diarios. Esa tarde, hasta el sonido inmisericorde del Cañón del Sumidero, parecía recién nacido. El guardabarranco tenía una cigarra en el pico, satisfecho del día y de su vuelo diario. Aún
